Destino o coincidencia
El día anterior él decidió a último momento quedarse a dormir a lo del amigo.
Federico era un chico muy ocupado pero responsable, con lo cuál la actitud de quedarse a dormir en una casa ajena era absolutamente irreconocible y poco común en él.
Su amigo, sin embargo se lo imaginó... era muy tarde ya para volver y siempre implicaba el riesgo de tomarse un transporte público de madrugada y grandes posibilidades de sufrir un robo, o caso contrario tomarse un taxi o un uber y gastar un dineral y ellos eran chicos de bondi y bicicleta; viajar en auto era un lujo, por eso era habitual que en su grupo de amigos compartieran la habitación si oscurecía. Pero Fede era el único que siempre quería dormir en SU cama, pero esa noche estaba tan cansado que hizo una excepción.
Esto lo llevo a cambiar su rutina para llegar la mañana siguiente al trabajo, caminando las cuadras de otro barrio, llegando a la parada de un colectivo extraño y nuevo para él, pero según su celular eran sólo 14 paradas y unos metros para llegar a la oficina a tiempo.
Ella, unas horas antes de partir de su casa abrazo a su gato Pepe.
Gato negro de ojos amarillos que nunca la registra, a menos que tenga hambre o quiera un mimo. Ella no es supersticiosa, por el contrario, siente que Pepe le da buena suerte.
Cecilia siempre camina las mismas cuadras hasta su tren, ahí lo espera y luego toma siempre el mismo colectivo con la misma gente y las mismas caras, pide el mismo boleto y con suerte logra sentarse.
Esa misma mañana estaba por cambiar su rutina hacia el trabajo, estaba un poco deprimida por el día tan gris, y se demoró un poco más de lo habitual al comprarse un café, pero finalmente decidió que otro día probaría otro camino, con lo que logró tomarse el mismo colectivo de siempre, donde sin saber él la observaba.
Ella indiferente y en su mundo tomaba su café de a sorbos mientras reía con las charlas en su celular. El chat con sus amigas eran su mejor herramienta para combatir la regular rutina que apaña la vida del empleado promedio. Y solo cabía en la palma de la mano o en su bolsillo.
Él la reconoció apenas subió, era su compañera de trabajo, había tenido algunas charlas con ella por chat muy esporádicas... pero siempre con las pizca justa de entretenimiento y compañerismo, ni más ni menos. Ambos compartían gustos por diversos autores y hasta por series de TV, pero la verdad es que si bien sentían una electricidad en el aire cada vez que se cruzaban, nadie decía más que lo necesario.
Durante todo el viaje el pensó en saludarla.
-"Hola Ceci, ¿cómo estás?" pensaba
- "mmm no mejor no, sonás como un ridículo."
Para colmo de males él venía sentado en el fondo y ella simplemente en la parte delante del colectivo.
- " ¿te parece cruzarte todo el bondi solo para saludarla? ¡es una locura!, ¿y si al final solo te dice hola y se da vuelta?" Fede tenía miles de pensamientos en un segundo y el corazón que le palpitaba.
Decidió finalmente observarla en silencio, le pareció que ella no lo vió y con eso se sentía seguro, o eso creía... o quería creer en el fondo de su corazón. Le apenaba mucho la idea de sentir que ella sí lo reconoció y había decidido ignorarlo, por eso descartó esa opción.
Vió como ella sonreía, con una sonrisa perfecta, dientes blancos parejos, sus ojos delineados, el pelo suelto, simple y hermosa.
Luego de que transcurrieron varias horas, y ambos habían llegado al trabajo cada uno en su puesto, esperando que algo mejore el día. Él decidió hablarle por chat, pero como siempre muy informal y casual, nada de demostrar interés o alguna pizca de genuino sentimiento, él sabía ocultar muy bien lo que pasaba dentro de él y ella también.
Tímidamente él le escribió: - "Hola Ceci, como estas? hoy te vi en el 90, jajaja"
Ella le respondió como si nada: -" Ay, no me dí cuenta..." y siguieron hablando de trabajo, de la vida y banalidades.
Pero en ese mismo instante, dentro de su corazón, Ceci se paralizó. No podía creer que justo ese día, ese mismo día ella iba a cambiar su rutina por otra, otro camino, otro colectivo, otras miradas, menos la suya, ojos verdes que reconocía por la foto del chat pero que nunca había cruzado en persona, ojos muchos más lindos que los de su gato... y las posibilidades de cruzarse era una en un millón, ella sabía que él vivía en otro barrio y que el camino a la oficina nunca los cruzaría...o hasta ahora.
En un momento Ceci sintió vergüenza... trató de recordar en su mente el trayecto en el colectivo, paso a paso, movimiento a movimiento. Ese mismo día ella no miro hacia el fondo.
-"Seguro estaba en el fondo" pensó.
Se arrepintió como nadie no mirar al fondo.
- "Siempre vas atenta a todo. ¿Por que Ceci? ¿Justo hoy no miraste? que mala suerte".-
Lo que si recordó ella es que se sonreía con sus amigas de la charla de whatsapp del día, pero eso le dio terror que él la haya catalogado de loca. - "Seguro piensa que me rió sola como las locas, locas y con gatos, sola loca y con gato."
Pero lo que más la consterno después de ese pensamiento fue la idea, la simple idea de que él sintiera que ella lo vió y lo paso por alto y decidió ignorarlo... " ¡Ay no! ¡por favor Fede, espero que no hayas pensado eso!" grito para sus adentros.
Cambió su preocupación por tristeza. Odió su celular con fuerza, porque la robo de la idea de mirarlo a los ojos, esos ojos que como los de su Gato le gustan tanto y saben esconden algo para ella, que solo ella puede entender.
Ahora ambos sabían que fue solo una cuestión de coincidencia, magia divina o cruel destino, tendrían que esperar otro momento para volver a mirarse aunque sea en silencio.
Fin.
Federico era un chico muy ocupado pero responsable, con lo cuál la actitud de quedarse a dormir en una casa ajena era absolutamente irreconocible y poco común en él.
Su amigo, sin embargo se lo imaginó... era muy tarde ya para volver y siempre implicaba el riesgo de tomarse un transporte público de madrugada y grandes posibilidades de sufrir un robo, o caso contrario tomarse un taxi o un uber y gastar un dineral y ellos eran chicos de bondi y bicicleta; viajar en auto era un lujo, por eso era habitual que en su grupo de amigos compartieran la habitación si oscurecía. Pero Fede era el único que siempre quería dormir en SU cama, pero esa noche estaba tan cansado que hizo una excepción.
Esto lo llevo a cambiar su rutina para llegar la mañana siguiente al trabajo, caminando las cuadras de otro barrio, llegando a la parada de un colectivo extraño y nuevo para él, pero según su celular eran sólo 14 paradas y unos metros para llegar a la oficina a tiempo.
Ella, unas horas antes de partir de su casa abrazo a su gato Pepe.
Gato negro de ojos amarillos que nunca la registra, a menos que tenga hambre o quiera un mimo. Ella no es supersticiosa, por el contrario, siente que Pepe le da buena suerte.
Cecilia siempre camina las mismas cuadras hasta su tren, ahí lo espera y luego toma siempre el mismo colectivo con la misma gente y las mismas caras, pide el mismo boleto y con suerte logra sentarse.
Esa misma mañana estaba por cambiar su rutina hacia el trabajo, estaba un poco deprimida por el día tan gris, y se demoró un poco más de lo habitual al comprarse un café, pero finalmente decidió que otro día probaría otro camino, con lo que logró tomarse el mismo colectivo de siempre, donde sin saber él la observaba.
Ella indiferente y en su mundo tomaba su café de a sorbos mientras reía con las charlas en su celular. El chat con sus amigas eran su mejor herramienta para combatir la regular rutina que apaña la vida del empleado promedio. Y solo cabía en la palma de la mano o en su bolsillo.
Él la reconoció apenas subió, era su compañera de trabajo, había tenido algunas charlas con ella por chat muy esporádicas... pero siempre con las pizca justa de entretenimiento y compañerismo, ni más ni menos. Ambos compartían gustos por diversos autores y hasta por series de TV, pero la verdad es que si bien sentían una electricidad en el aire cada vez que se cruzaban, nadie decía más que lo necesario.
Durante todo el viaje el pensó en saludarla.
-"Hola Ceci, ¿cómo estás?" pensaba
- "mmm no mejor no, sonás como un ridículo."
Para colmo de males él venía sentado en el fondo y ella simplemente en la parte delante del colectivo.
- " ¿te parece cruzarte todo el bondi solo para saludarla? ¡es una locura!, ¿y si al final solo te dice hola y se da vuelta?" Fede tenía miles de pensamientos en un segundo y el corazón que le palpitaba.
Decidió finalmente observarla en silencio, le pareció que ella no lo vió y con eso se sentía seguro, o eso creía... o quería creer en el fondo de su corazón. Le apenaba mucho la idea de sentir que ella sí lo reconoció y había decidido ignorarlo, por eso descartó esa opción.
Vió como ella sonreía, con una sonrisa perfecta, dientes blancos parejos, sus ojos delineados, el pelo suelto, simple y hermosa.
Luego de que transcurrieron varias horas, y ambos habían llegado al trabajo cada uno en su puesto, esperando que algo mejore el día. Él decidió hablarle por chat, pero como siempre muy informal y casual, nada de demostrar interés o alguna pizca de genuino sentimiento, él sabía ocultar muy bien lo que pasaba dentro de él y ella también.
Tímidamente él le escribió: - "Hola Ceci, como estas? hoy te vi en el 90, jajaja"
Ella le respondió como si nada: -" Ay, no me dí cuenta..." y siguieron hablando de trabajo, de la vida y banalidades.
Pero en ese mismo instante, dentro de su corazón, Ceci se paralizó. No podía creer que justo ese día, ese mismo día ella iba a cambiar su rutina por otra, otro camino, otro colectivo, otras miradas, menos la suya, ojos verdes que reconocía por la foto del chat pero que nunca había cruzado en persona, ojos muchos más lindos que los de su gato... y las posibilidades de cruzarse era una en un millón, ella sabía que él vivía en otro barrio y que el camino a la oficina nunca los cruzaría...o hasta ahora.
En un momento Ceci sintió vergüenza... trató de recordar en su mente el trayecto en el colectivo, paso a paso, movimiento a movimiento. Ese mismo día ella no miro hacia el fondo.
-"Seguro estaba en el fondo" pensó.
Se arrepintió como nadie no mirar al fondo.
- "Siempre vas atenta a todo. ¿Por que Ceci? ¿Justo hoy no miraste? que mala suerte".-
Lo que si recordó ella es que se sonreía con sus amigas de la charla de whatsapp del día, pero eso le dio terror que él la haya catalogado de loca. - "Seguro piensa que me rió sola como las locas, locas y con gatos, sola loca y con gato."
Pero lo que más la consterno después de ese pensamiento fue la idea, la simple idea de que él sintiera que ella lo vió y lo paso por alto y decidió ignorarlo... " ¡Ay no! ¡por favor Fede, espero que no hayas pensado eso!" grito para sus adentros.
Cambió su preocupación por tristeza. Odió su celular con fuerza, porque la robo de la idea de mirarlo a los ojos, esos ojos que como los de su Gato le gustan tanto y saben esconden algo para ella, que solo ella puede entender.
Ahora ambos sabían que fue solo una cuestión de coincidencia, magia divina o cruel destino, tendrían que esperar otro momento para volver a mirarse aunque sea en silencio.
Fin.
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