Reflejos

Caminando por la calle Rocío se paro un minuto a mirarse en el reflejo de la ventana, no estaba muy orgullosa de la ropa que se puso a las apuradas, pero en ese reflejo se vió diferente a las últimas veces.

Encontró una mirada más optimista, una chica más segura de lo incierto del futuro, que pensaba un poco más en el hoy, y lo más importante, una chica que sabe que vale, vale más que su peso en oro, y eso que había aumentado 3 kilos, pero no le importaba.

Siguió caminando mientras pasó por una perfumería, y de golpe porrazo, como quien no quiere la cosa, se cruza con el aroma del perfume su siempre usaba su ex. Automáticamente su cara apareció en la mente de Rocío dándole escalofríos. Él era la última persona en el mundo que hubiera alentado a que Rocío se vea tal como se ve ahora. Para él estaría desaliñada, gordita, dejada, con los cabellos alborotados, con el maquillaje corrido, despreocupada por lo importante. Toda esa represión que ella sentía con él, fue liberada, como las palomas que se liberan en un acto,  luego de estar tanto tiempo encerradas, que se golpean entre ellas con sus propias alas, volando rápido, por miedo a que ese loco ser vivo que apela ser el amo, vuelva a encerrarlas. Un amo sin amor.

Siguió caminando unas cuadras más y antes de llegar al departamento de Sebas pensó en comprar algo rico de postre, porque él si bien comía de todo, en la casa nunca había nada dulce como a ella le gustaba. Así que decidió comprar algo que le guste a los dos. La semi convivencia que tenían no era difícil entre ellos, porque ambos eran muy flexibles.

Cuando llegó a su casa, toco timbre, como siempre, espero a que el bajará abrirle y luego con un beso y un abrazo comenzaba el encuentro.
"¡Qué loco!" pensó ella, "sebas nunca hubiera sido amigo de mi ex, afortunadamente son tan distintos, opuestos.", mientras con una sonrisa picara lo miraba mientras subían el ascensor. "¡Que afortunada soy!" pensó y le dió otro beso.



Fin

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