¿Quién?
¿A quien se extraña realmente?
Cuando uno sale de una relación tan larga y tormentosa como la nuestra, cualquier extraño no puede ocupar ese espacio. Y la persona que fui ya no será más.
¿Te extraño a vos? ¿A él? ¿O a mí?Extraño esas risas de a dos, esos secretos nuestros, esos momentos de hacer nada, la magia de las miradas cómplices, mi auténtica naturaleza perdida por algún lado, extraño ver mis ojos con la mirada de ayer, extraño las poesías que nunca nos dijimos, los detalles que nos dimos, el besito antes de dormir, mis inmaculadas ganas de dormir abrazados... ¿a vos?... ¿a él? ¿o a mí?
Extraño esa sinceridad perdida, los juegos sin sentido, los enojos y rabietas, los caprichos y las reconciliaciones. Los momentos críticos. Esa felicidad quebrada por el silencio, la pregunta que retumbaba luego de cada pelea... ¿Me seguís amando?
Extraño el futuro imaginado, extraño las cartas que no nos dimos, los viajes que hicimos y que haríamos, extraño la sensación de hogar a tu lado, extraño ese momento mágico de volver de trabajar sabiendo que ahí estarías, extraño los domingos de lluvia de a dos, los abrazos eternos en el sillón, los eventos familiares.
Extraño hasta que recuerdo que te convertiste en un extraño, y voy buscando en diferentes lados lo que éramos, lo que fuimos e íbamos ser. Pero también me doy cuenta que si tuvo una fecha de fin tan perfecto como la memoria recuerda no era.
¿Te extraño a vos? ¿A él? ¿O a mí?
También recuerdo sin extrañar ni un poco las dudas que tenía y retro alimentabas, el miedo de sentirte diferente, distante, peleador. Recuerdo con sabor amargo los reproches que me dabas sin razón, las miradas fulminantes, el desamor, tu cara impoluta que mentía sin mover un nervio, los te amos sin sentido, los posteos con palabras falsas, vacías, el sentirme sola de a dos, la desprotección, eso sí que no lo extraño.
Y ahí me doy cuenta que me perdí a mí.
Yo soy la que se extraña, la que era antes de todo lo malo, la que era una chica despreocupada e inocente que pensaba que no había maldad en vos y que pensaba que no eras un extraño, que creía que te conocía entero y juraba a fuego.
Quemada en vida terminó ella, y ahí la dejé, para renacer.
¿A quién? A mí, a ella la extraño, la del pasado.
Ahora me doy ese abrazo, recojo los pedazos y barajo de nuevo.
Fin.
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